Cómo funciona la Empatía en el Cerebro

“Todo hombre verdadero debe sentir en su mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de otro hombre.”
José Martí

La empatía es una función que permite comprender las relaciones intersubjetivas. Podría parangonarse parcialmente con el altruismo o la emoción sobre el otro, sin embargo la empatía implica procesos muchos más complejos. Se estudia  a través de una función llamada “cognición social”. Que es la capacidad de entender al otro, a diferencia de la metacognición, que es la capacidad de entenderse a sí mismo.

El homo sapiens para poder relacionarse con otros congéneres en forma tan compleja  debió generar procesos cognitivos muy desarrolladas,  que habrían ayudado activamente al impacto interpersonal: “entender lo que le pasa al otro”. Sería una “metacognición intersubjetiva”, llamada también “Teoría de la Mente”.

Conocer al otro pudo llevar a asociarse,  cooperar y dejarse copiar; es decir ser altruista. O por lo contrario evitarlo, rompe el lazo social, basándose en  otra función primitiva: el egoísmo. Altruismo y egoísmo parecerían ser dos estamentos instintivos, reguladores de lo social;  ya observados en animales inferiores.

El aprendizaje, copia y la innovación creatividad posterior, llevó a los homínidos a alimentarse mejor, seleccionando y perfeccionando la recolección de alimentos. Mejorando así la capacidad de digestión y la proporción de calorías y proteínas al generando un círculo vicioso positivo. A mayor aprendizaje mayor tamaño encefálico, así se habría generado más aprendizaje y cognición.

Este aprendizaje se basa en un instinto primitivo que sucede también en animales como aves o mamíferos inferiores, que es la “copia”, que genera una nueva conducta subsecuente. Pero en el caso de los primates y más aún en los homínidos, esta copia generó procesos conductuales gregarios más precisos. Pero además con capacidad de innovación, lo que genera un conocimiento de mayor calidad.

Esta hipótesis la plantea el biólogo conductual Kevin Laland de la Universidad de St Andrews, quien piensa que el homo-sapiens ha desarrollado la capacidad de transmisión social a través de una copia más perfeccionada, tanto en la capacidad de transmisión como en la de reproducción posterior del evento aprendido.

Para hacerse social el cerebro no sólo  debe abstraer, sino debe poder comunicar, manejar herramientas y utilizar instancias simbólicas; como dibujos o música que representen cuestiones prácticas o religiosas.

Algunos científicos plantean que el uso de la tecnología fue acompañado por el desarrollo del lenguaje. Marcando que el área  de expresión de Broca no es sólo un área lingüística, sino esencialmente práxica e intersubjetiva.  No casualmente las neuronas en espejo (que copian al otro) fueron descriptas en esta área, siendo el instinto de copia un elemento esencial para el desarrollo de las ambas.

Entonces, lenguaje,  musicalidad y utilización de instrumentos pueden haber sido parte del mismo proceso evolutivo, que aumentó la empatía del humano.

El lenguaje como proceso intersubjetivo utiliza  mucho más que la función hablada, siendo también la  gestual y musical. Lo que sirve para la mejor transmisión de la información, pero además para negociar posibles acuerdos o desacuerdos.

Darse cuenta de lo que le pasa al otro suena como una tarea variable y difícil. Sin embargo, a partir del año 1992, en que Giacomo Rizzolatti de la Universidad de Parma describió las neuronas en espejo, se comenzaron a explicar diferentes actividades neurológicas que pueden llevar a comprender la actividad de contemplar a otro.

Esta tarea se describe como la “cognición social”, que consiste en sentir y luego poder hacer consciente lo que le pasa a otra persona. Las neuronas especulares generan una actividad primitiva sobre lo que se observa, que posiblemente se realiza primero en forma inconsciente y luego se transforma en pensamiento. Estos investigadores de Parma estudiaron neuronas del área cortical motora de macacos y notaron que ellas se activaban cuando el primate comía uvas, pero también cuando éstos veían al experimentador hacer una tarea similar, sin que el mono se moviera.

Sucede porque en una zona del lóbulo frontal (área premotora) existen células nerviosas planificadoras del movimiento que se activan al ver moverse a otro en una actividad similar.

Esta área es entonces  parangonable al área del lenguaje motor (área de broca) en el humano, lo cual trajo varias propuestas al respecto. El lenguaje convertido en diálogo aporta un instrumento de lo social, es un proceso clave y universal del humano. Es un entendimiento social  inconsciente, pudiendo a través del mismo desgranar ideas, pensamientos y premisas ocultas, que se contextualizan en la necesidad y el momento de la transmisión. Sirve para acuerdos y desacuerdos, y para la transmisión de la cultura, siendo un componente central de la conducta gregaria.

Se comenzó a conjeturar por analogía que en la activad observada en humanos se puede activar la corteza no sólo en el que la realiza un acto, sino también en el observador. El conocimiento de estas neuronas especulares se ha llegado a comparar con el descubrimiento del ADN y ha puesto en discusión la importancia y comprensión del concepto de cognición intersubjetiva que se expresa en la teoría de la mente (que es entender lo que le pasa al otro).

Pero además, como en el humano esta zona se relaciona con el lenguaje de expresión, se asoció a esta área con la posibilidad de entender lo que le pasa al otro, como comprender la pantomima gestual que utiliza un tercero.

Aunque quizá se ha sobredimensionado la acción de las neuronas en espejo, hoy nadie niega su existencia en los mamíferos. Roy Mukamel de la Universidad de California las ha detectado en el hipocampo (zona que acumula y recupera los recuerdos) y en la zona premotora del humano. Esto incluye la posibilidad de que las neuronas motoras se activen cuando se piensa en el movimiento y cuando se contempla a otro, pero además explicaría ciertas conductas imitativas que realizamos en forma inconsciente en un proceso de identificación. Podríamos incluir la explicación de los procesos de empatía emocional como los de tacto (cuando se conoce una persona). Asimismo, podrían ser causa de los procesos de comprensión de lo que siente el otro, como por ejemplo observar un auditorio aburrido y entonces acelerar una clase. También se ha planteado a estas neuronas como fundamentales en la capacidad de las funciones motoras aprendidas complejas (praxias).

Existen estudios muy conocidos en los que los macacos bebés aprendían a imitar a los investigadores sacando la lengua. Basado en esto se desarrollaron programas terapéuticos en los que los pacientes observan a los terapeutas moverse para luego mejorar la recuperación motora a partir de las conductas imitativas.

No obstante, es cierto que la conducta especular veces puede ser problemática. Por ejemplo, cuando en algunas actividades deportivas competitivas un especialista observa a un principiante puede padecer disminución de su performance (nuestro sistema imitaría un acto motor de menor capacidad). Es decir que desde la identificación motora, la imitación o la empatía, puede pensarse que estas neuronas especulares nos influyen y determinan muchos patrones afectivos y decisiones motoras futuras.