¿Por qué algunas personas no respetan las medidas preventivas?

«Cuando se está en medio de las adversidades, ya es tarde para ser cauto «
Séneca

 La decisión de tomar riesgos en lo inmediato para satisfacer un deseo puede perjudicarnos en el futuro. Es una actitud que definirá la conducta protectora que sustentamos en cualquier cuestión, mucho más en la pandemia, y es equivalente a la postura que puede presentar un fumador que decide la satisfacción inmediata por sobre el riesgo a futuro o un hipertenso que le pone sal a su comida o de un conductor que conduce más rápido de lo permitido, entre otros ejemplos. El problema es que estas personas toman riesgos para ellos, pero también muchas veces ponen el riesgo a los demás.

El premio Nobel de economía Gary Becker, enfocado en la parte sociológica de la misma, dedicó una parte de su investigación a explicar la realidad económica de la toma de decisiones y formuló lo que se conoce como la “teoría de la adicción racional”. Estudió la priorización del deseo inmediato sobre la prevención tardaría, lo que llamó “beneficio intertemporal”. Por ejemplo, personas que prefieren el placer presente a costa de un riesgo futuro y entonces asumen ese riesgo.  Se comprobó empíricamente que la mayor exposición al riesgo de estos sujetos se aplica, en general, a otras conductas, como no realizar una dieta, no mantener un régimen de actividad física o padecer una adicción.

Se produce un proceso cognitivo de la toma de decisiones mediante un función de lo que algunos autores llaman “descuento hiperbólico” (hyperbolic discounting). Las personas que deciden en el mismo momento entre dos conductas que compiten entre sí por sus consecuencias futuras, le asignan un valor a cada conducta presente y a cada consecuencia futura, pero tienden a elegir aquella que provoca el mayor bienestar en el presente. No usar barbijo o no mantener el distanciamiento físico serían este tipo de decisiones inmediatas, que pondrán en riesgo a la persona, pero especialmente a los de mayor tasa de letalidad como los adultos mayores, perjudicándose a sí mismos, pero también a la comunidad, aumentando los gastos del sistema de salud, sea porque enfermen ellos o terceros.

Debemos saber que las tomas de decisiones sean inmediatas, mediatas o a largo plazo, son controladas por la voluntad. Si bien las inmediatas son más inconscientes, todas detentan control volitivo. Toda decisión será sujeta al libre albedrío de las personas. Entonces, existen sujetos que toman más riesgos inmediatos con menos instintivos preventivos versus  los que prefieren tomar mayor precaución y no poner el riesgo el futuro de ellos o de terceros.

Dice el importante neurocientífico cognitivo Michael Gazzaniga que el sistema nervioso está destinado a la toma de decisiones para la supervivencia. Esta definición, aunque peque de reduccionista, finalmente tiene una razón implacable, dado que todos los mamíferos intentamos a través de nuestros instintos sobrevivir y así darwinianamente sobrevive el más apto. Procesos instintivos tanto de deseo como de protección luchan con nuestra corteza racional, generando un vector final decisorio.

Nos encontramos con que parte de la sociedad joven que presenta un riesgo muy disminuido de ser afectado gravemente por el COVID-19, a diferencia de los adultos mayores. Una situación que sería equivalente a pensar dos enfermedades diferentes: una con muy baja mortalidad y otra con muy alta. Sin embargo, es el mismo germen y la misma sociedad en un problema también unificado en tiempo y espacio. Los ancianos tienen aproximadamente veintitrés veces más riesgo de morir. Posiblemente si la esperanza de vida no se hubiera prolongado, esta pandemia no tendría el impacto social y cultural que sustenta.

La toma de conciencia social sobre esta dicotomía pone a prueba a la solidaridad y la cooperación de la sociedad donde los jóvenes se ponen a prueba, cuidando a la comunidad. No sólo porque se encuentra realizando muchos de los trabajos esenciales sino porque deben cuidarse de no contagiarse y contagiar. El 21 de setiembre, día de festejos, hemos asistido a una conducta en general muy buena de nuestros adolescentes, que debería ponernos orgullosos. También con el acatamiento de las medidas preventivas.

Existen siempre excepciones que son los menos; especialmente de adultos y de unos pocos dirigentes. Estas actitudes se pueden observar mayormente en tres tipos de personalidades: narcisistas, maquiavélicas y psicopáticas, la tríada oscura de la personalidad; los que emocionan sólo cuando ellos son perjudicados y no cuando les sucede a los demás.

Este tipo de rasgo se traduce en alguien manipulador, poco confiable y desinteresado por los sentimientos de los otros. No dudan sus integrantes en realizar mentiras o artimañas. Aunque tienen ciertas debilidades importantes: soportan mucho menos las críticas y se angustian ante las mismas; aunque generalmente sin modificar sus decisiones. La personalidad se constituye en la adultez a través de diferentes insumos, entre ellos las características sociales, educativas y cultural que sustentarán y modificarán los componentes biológicos basales.

La personalidad, entonces, delinea las características de preventivas de las personas y las consecuentes respuestas sociales de protección.

Ignacio Brusco

*Neurólogo Cognitivo y doctor en Filosofía. Prof. Titular  UBA . CONICET