Prevención del riesgo de autolesiones

La edad, las afecciones psíquicas y las adicciones son factores que inciden.

Por Dr. Luis Ignacio Brusco, Prof. Titular de Psiquiatría y Salud Mental, Facultad de Medicina, UBA. Doctor en Medicina. Doctor en Filosofía. Investigador CONICET.

El suicidio es una de las mayores causas de muerte en el mundo. Se suicidan aproximadamente 3000 personas por día. En el año 2016 se suicidaron cerca de 817.000 personas en todo el mundo. Existen muchos más intentos que muertes. Por cada suicidio, existirían de 10 a 20 intentos de autoagresión.

El suicidio es la novena causa de muerte en población general, pero afecta especialmente a los jóvenes y adultos mayores. En los adolescentes, es la segunda causa de muerte luego de los accidentes de tránsito y está entre las tres principales causas de deceso; entre los 18 y los 45 años.

El sistema nervioso es una estructura que toma decisiones en pos de la superveniencia. Sin embargo, existen varias circunstancias que llevan a las personas a terminar con su vida, es decir a auto-agredirse. En estas circunstancias se estarían eludiendo funciones instintivas de supervivencia. Pues cada año se suicidan casi 900.000 personas en el mundo.

En la autoagresión, se busca el fin; pues de la angustia que es tan intensa deja de lado la capacidad de luchar por la vida. Según el filósofo y escritor Albert Camus «No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio, y ese es el suicidio». Existen situaciones en las personas que determinan una tristeza tan importante e incoercible, que las lleva a tomar decisiones fatales.

En general a la medicina le cuesta incluir estos pacientes en su estudio. Primero, por el claro riesgo que conlleva este tipo de investigaciones y quizá también por una especie de negación, en estos casos, al fracaso de la salud mental. En cierto modo, el suicidio es la imposibilidad de encontrar una soluciona adecuada y a tiempo.

Claves y marcadores

Se conoce que existen marcadores de riesgo para la autoagresión. Uno de ellos es la edad pues aumenta en la vejez y la adolescencia. El otro factor de riesgo detectable es padecer una enfermedad psíquica acompañante, que en la historia de la persona haya padecido depresión o esquizofrenia. Especialmente si se acompaña de alguna adicción asociada (por ejemplo: el alcoholismo aumenta claramente el riesgo).

Por otro lado, es clave la necesidad de acompañamiento en la red social de la persona, dado que la soledad incrementa el riesgo de autolesión. Se considera como un marcador a los antecedentes de haber padecido un intento previo o de estar comentando o dando señales de no querer vivir más.

John Mann, psiquiatra de la Universidad de Columbia en Nueva York, describió en estudios con imágenes cerebrales una alteración de la funcionalidad de la serotonina en pacientes suicidas, más de lo observados en depresivos sin intento de autoagresión.

El riesgo aumentado de suicidio en los adolescentes; es compatible con una etapa muy conflictiva, con un incremento explosivo de secreción hormonal. Se desarrolla el sistema emocional (límbico) antes que a la zona de la razón y el control de la conducta (corteza prefrontal), haciendo que cuestiones fisiológicas necesarias en los niños, como la necesidad de exploración, aumente la susceptibilidad a padecer mayores actitudes impulsivas y exploratorias. Incrementando así los accidentes de tránsito y las autoagresiones en este grupo etario. Esa vulnerabilidad, los hace más sensibles al contexto.

La principal causa de suicidio es la depresión grave, pero también los trastornos de la personalidad, situaciones graves de estrés, esquizofrenia y adicciones, entre otras son situaciones de riesgo. Especialmente en personas que se encuentren sin red social, situaciones de estrés grave, con dificultades laborales o monetarias. También deben alertar suspensiones o alteraciones en los tratamientos. Una especie de combo problemático que enciende la alarma de los sistemas de salud mental a nivel mundial.

En la «depresión mayor» se genera una profunda angustia. Fenómenos sociales y ambientales pueden agravar a esta grave enfermedad. Es decir, estos aspectos ambientales le agregan un mayor impacto. Existen otros casos de autoagresión que ocurren en forma reactiva ante una desgracia inminente, en psicosis en las que se pierde la conciencia de realidad o en trastornos de personalidad graves, entre otros.

La médica Sandra Swantek, jefa de Psiquiatría Geriátrica en Rush University Medical Center de Chicago, plantea que: «Sin acceso a la familia ni a las actividades sociales o religiosas, los adultos mayores se encuentran dolorosamente aislados». Se entiende que los adultos mayores tienen menos expectativas de futuro, pierden las esperanzas y así aumentan los riesgos de autolesión, mucho más si le agregamos problemas económicos.

En estrés agudo los adultos jóvenes podrían responder en forma heterogénea, donde ante problemas generalizados se inhiban los propios. Esto es posible que no suceda en personas ancianas y tampoco en adolescentes y jóvenes, en los que eclosionan muchas enfermedades psíquicas graves. Comienzo de la vida y final de la misma, son grupos de riesgo.

Se debe prestar especial atención a personas con problemáticas de salud mental previas y en las personas que se encuentren solas. No intoxicarse de noticias, establecer redes sociales, redescubrir actividades antes disfrutadas, mantener una rutina diaria de actividades, concientizar que este problema va a finalizar y buscar ayuda en otras personas o sistemas de creencias son pautas que debemos seguir.

Se puede ayudar a las personas susceptibles, a partir de preguntas sobre cómo se sienten, si necesitan ayuda, si requieren de la presencia de alguna persona en particular. Impulsar redes sociales de contención, por ahora con distanciamiento físico, será de gran ayuda para contener problemas graves de salud mental agregados.