Problemas cognitivos y psicológicos por el uso prolongado de ZOOM

La pandemia de COVID-19 impulsó a muchas personas a trabajar, estudiar o encontrarse socialmente a distancia,  las reuniones cara a cara fueron rápidamente reemplazadas por reuniones virtuales. La adaptación al uso de encuentros virtuales en forma masiva alertó sobre la fatiga de las reuniones virtuales  denominada » Fatiga del zoom ”, descripta como una percepción de agotamiento y falta de energía como consecuencia de múltiples reuniones virtuales.

Un mundo en red podría confundir nuestra realidad sensorial. A partir de la creación de la realidad virtual, se estudian muy profundamente los mecanismos que pueden ser disparados. La realidad virtual nos lleva a percibir instancias que no suceden en el contexto real, aunque sí impactan en la cognición sensorial. Es decir nos ofrece un engaño sobre el cerebro.

Un grupo denominado Cyberneum del Instituto Max Planck de Tübingen estudia la relación entre la funcionalidad visuo-espacial y corporal. Este grupo describió que luego de una hora de realidad virtual, los criterios de realidad espacial son afectados. Algo similar puede suceder con los procesos empáticos y neuronales en espejo que permiten entender y emocionar al otro. Probablemente base neurobiológica de la intersubjetividad.

Jeremy Bailenson  del Laboratorio Virtual de Interacción Humana de Stanford describe en una publicación de la revista Technology, Mind and Behaviour  cuatro causas de la fatiga de Zoom

  1. El agotamiento de verse a sí mismo durante mucho tiempo en la pantalla.
  2. Un contacto visual excesivo e intenso.
  3. Una mayor disminución de la movilidad habitual.
  4. La mayor carga cognitiva verbal con pérdida del contacto presencial no verbal y empático.

En  ese sentido un trabajo de investigación generado por  Kristen M. Shockleyde la Universidad de Georgia  estudió  a 1408 participantes de trabajo virtual y observó una característica destacada de estas reuniones virtuales, ya sea que la cámara esté encendida o apagada. Detectó que usar la cámara es fatigante y que la fatiga en sí misma es problemática para la voz y participación de los probandos en las reuniones.  Sugiere entonces, que apagar la cámara puede ser una ayuda para disminuir la fatiga por ZOOM. Se aconseja así que se apague la cámara en las reuniones donde es posible y se opte por usar el audio.

El agotamiento de verse a sí mismo puede generar otro problema, la «Dismorfia por ZOOM’. La médica Shadi Kourosh  profesora asistente de dermatología en la Escuela de Medicina de Harvard comunicó un aumento en las consultas por problemas relacionados con la apariencia. Mirar nuestro rostro en una pantalla  todos los días estaba causando estragos en la autoimagen. Un claro problema metacognitivo, impactado además por las deformaciones  técnicas  que produce una cámara frontal muy cercana.

En la era de Zoom, la gente se preocupaba en forma exagerda por el tamaño y la forma de su nariz ,la flacidez de la piel alrededor del cuello ,  o lo pálido de su piel. Reclamaban así intervenciones cosméticas desmesuradas.  Esta problemática fue denominada entonces como «Dismorfia de zoom».

El manejo de un mouse de computadora o las metáforas de avatar que se generan en la realidad virtual pueden generar confusión sensorial. Con esta sensación de “corporización”,  el usuario se van fusionando cognitivamente, como si el mouse fueran parte del  cuerpo de quien maneja la computadora.  El grupo liderado por el científico S. Ganesh del RIKEN Brain Science Institute observó que en el proceso de avatar se prende, en la resonancia funcional, un sector del cerebro muy específico: el giro angular izquierdo; relacionado con la corporación de las sensaciones, generando entonces una distorsión sensorial.

Kourosh  plantea que «Los cambios en la autopercepción y la ansiedad como resultado de las videoconferencias constantes pueden llevar a procedimientos cosméticos innecesarios, especialmente en adultos jóvenes que han tenido una mayor exposición a plataformas en línea, incluidas videoconferencias, redes sociales y filtros durante la pandemia».

La investigadora Marissa Shuffler de la Universidad de Clemson, describe que las exposiciones prolongadas se pueden percibir como si estuviéramos viendo la televisión y la televisión nos estuviera viendo.   Aconseja entonces  limitar las videoconferencias a solamente las estrictamente necesarias y tomar grandes descansos que aumenten la fluidez, es decir el reposo cerebral.

Estas cicatrices neurológicas y de la salud mental podrían quedar aún después de la pasada  pandemia. Burnout por exposición virtual, cansancio físico excesivo, trastornos atencionales, cuadros de ansiedad y dismorfias de autopercepción serán nuevos problemas para prestar atención y también prevenir.

Luis Ignacio Brusco
Psiquiatra y Doctor en Filosofía. Prof. Titular UBA