Por Luis Ignacio Brusco*
«Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos»
Fernando Pessoa
El jet lag se compone de todo lo que nos sucede cuando cambiamos bruscamente de horario hacia otra región. Por ejemplo si realizamos un viaje hacia un lugar con mucha diferencia de horas (por ejemplo: vuelos transmeridionales).
En general se tiende a pensar que el cambio de horario implica sólo alteraciones en el sueño. Que si bien está alterado, no es el único problema que se genera.
Con el cambio de horario nuestro cuerpo queda enganchado a los ritmos sueños-vigilia correspondientes a la región donde vivíamos. Pero también se encuentran afectadas muchas otras actividades, de hecho no se ha descrito ninguna función que carezca de un ritmo biológico.
Entonces el ritmo circadiano (cerca de un día) queda asociado al pasado y a los estímulos del lugar de donde provenimos.
Por ejemplo, si fuéramos a Tokio con una diferencia horaria de doce horas: la noche sería la mañana y viceversa.
Así, a las catorce horas de Japón serían las dos de la mañana en la Argentina y la capacidad cognitiva estaría en su peor nivel, pues corresponde a la hora en la que se debería estar lúcido.
En la madrugada es cuando las funciones intelectuales del cerebro peor funcionan; disminuye la temperatura y se necesita dormir. Por ejemplo durante la noche es cuando existen más accidentes automovilísticos y los test cognitivos dan peor.
Es conocido que al intentar dormir, durante el jet lag, se hace muy difícil conciliar el sueño. Padeciendo procesos de insomnio como consecuencia del cambio cronobiológico.
En general se reacomoda aproximadamente una hora por día de lo que se está desfasado; por ejemplo se tarda cinco días en Europa, dado que el cambio es frecuentemente de cinco horas.
El estímulo externo más influyente sobre el reloj interno es el sol, que es una gran señal de para la vigilia y reduce la hormona que produce la señal de la noche: que es la melatonina.
Así, el sol influye en nuestro sistema hormonal a partir del ingreso de luz a través del sistema ocular (por una vía diferente a la visión).
Otros estímulos sensoriales regulan la relación con la temporalidad del día. Por ejemplo: el reloj, la hora del desayuno, los tipos de comida y la actividad diaria.
Por lo tanto, no sólo el sueño y la temperatura tienen un ritmo diario marcado sino la secreción de hormonas, la actividad inmunitaria y el resto de las funciones corporales contienen un ritmo que se altera cuando cambiamos de meridiano.
Existen procesos que deberían suceder a la noche (cómo la renovación de la piel) que se encuentran descolocados en el tiempo, impactando en el cuerpo mucho más de lo que se considera.
Entonces, viajar no es gratuito para la salud, muchos más en viajadores constantes como pilotos, azafatas o diplomáticos y especialmente deportistas que deben ejercer un máximo de rendimiento en su estadía en el exterior.
Dos de las indicaciones funcionales que ayudan a ajustarse rápido al horario y mejorar el ritmo local son la exposición al sol (especialmente al mediodía) y el uso de melatonina a la noche.
Algunas experiencias ya se han realizado con equipos deportivos, como cuando Boca Juniors jugó en Corea por la copa del mundo, con un cambio de horario muy rápido y contundente.
También juegan en contra factores habituales que pueden empeorar el acomodamiento del jet lag. Kenneth Wrigthht de la Universidad de Colorado observó que la cafeína horas antes de dormirse empeora el ritmo de las personas y altera la melatonina secretada, interviniendo en la disminución de la producción de la misma. Se piensa que tomar café o también mate, especialmente en las situaciones en los que se intenta acomodar los ritmos, retrasa la búsqueda del equilibrio cronobiológico que el cuerpo buscará fisiológicamente (homeostasis).
Debemos saber que al retornar al lugar de origen nuevamente se tendrá que reacomodar el reloj interno. Este demorará un tiempo similar en reordenarse, padeciendo (ya en casa) alteraciones corporales y de la vida cotidiana, la que por cierto costará retomar.
* Prof. Titular de Psiquiatría UBA. Doctor en Medicina. Doctor en filosofía. CONICET.
