«Me temo que si uno fija su atención en una cosa el tiempo suficiente, pierde todo su significado«
Andy Warhol
La atención es el micrófono que ponemos sobre toda la información antes que arribe a nuestra mente. Sean estímulos externos, como un paisaje o una melodía; o internos como el recuerdo de un evento o una sensación emocional.
La atención sería el receptor que incorpora la impresión sensorial que luego se genera en nuestro cerebro.
Existen claros problemas de atención en nuestro micrófono en la mayoría de los problemas psiquiátricos, como los trastornos de ansiedad, la esquizofrenia o los déficit atencionales con hiperactividad.
Por otro lado los problemas en el grabador se asocian, en general, a bases neurológicas como problemas neurovasculares, lesiones traumáticas encefálicas o muy frecuentemente a la Enfermedad de Alzheimer.
Discriminar el micrófono del grabador será central, para saber dónde embarcarnos con los diferentes tratamientos y sus pronósticos.
El proceso atencional es una de las principales funciones cogntivas del ser humano. Aunque se encuentra presente en los animales; es en el Homo sapiens donde alcanza su máximo desarrollo.
Se puede considerar, como plantea el neurólogo Antonio Damasio, que la atención es poner toda la maquinaria neurológica de la conciencia concentrada en un punto. En realidad, la atención es el sistema por donde entraría la información al sistema nervioso. Esta función trata de converger en un punto la mayor cantidad de energía sensorial que recibe el cerebro e inhibir al resto de los estímulos.
De este modo, es un proceso muy rápido que funcionará previo a la memorización.
Se puede considerar que la atención como un suceso casi coetáneo a la estimulcion. Es decir se activa casi al mismo tiempo que se produce un estimulo; aunque exista un imperceptible retraso en la llegada de la información, consecuente de la velocidad de transmisión. Sea de la luz, el sonido u otra energia, la transmisión neuronal que se estimula genera sólo un enlentecimiento de milisegundos.
Diferente es la memoria, que por definición es una función del recuerdo, que presentifica el pasado. Aun en la memoria más rápida, llamada de trabajo, que igualmente implica segundos. Esta última se expresa recordando el pasado inmediato o el lenguaje con el que hablamos (bucle fonológico); que corresponde al hilo del pensamiento.
Cuando hablamos es uno de los momentos en el que la atención se torna claramente necesaria. En cierto modo, como plantea el fenomenólogo Alfred Schultz, cuando hablamos el resto de los oyentes están al unísono con nuestro discurso, mientras el orador entiende después; ya que va recordando el hilo de su pensamiento mientras habla.
La atención requiere no sólo sostenerla durante un corto tiempo, sino que lo más importante y difícil es mantenerla sostenida. Atender y sostener la misma dependen del desarrollo cerebral, especialmente del área cerebral prefrontal. Que adquiere su mayor evolución en el ser humano y en especial en el adulto (a los treinta años).
Así, animales con un cerebro desarrollado como el perro o el chimpancé pueden atender cortos tiempos, pero son fácilmente distraibles.
Cuestión que también sucede en el bebé y en la primera infancia. Pues esta posibilidad de mantener la atención por largos períodos se termina de desarrollar en la adultez. Es decir cuando termina de madurar y mielinizar el lóbulo prefrontal, cuna de la atención.
Implica además no sólo la concentración en un punto, sino la inhibición lateral de otros estímulos y poder mantenerlo en el tiempo. Asimismo, poder interrumpirla si existe otra información sensorial más importante o interesante. Esto implica la capacidad de flexibilidad cognitiva, proceso que también llega a su máximo en el adulto
Se suele considerar que la atención es una informaciòn de gran importancia en el cerebro maduro, pero también en la inmadurez. El grupo del neurobiólogo Gabriel Horn de la Universidad de Cambridge trabajó la atención en pollos. Con estos animales tenemos un ancestro en común, que se separa del humano hace 280 millones de años; pero que sin embargo tiene muchas funciones en común, entre ellas la atencional. Estos investigadores observaron la importancia de las primeras improntas de estas aves al nacer. Se adhieren a lo que fue visualmente el primer estímulo, pudiendo ser un incluso un objeto inanimado. Pero sin embargo se apegan mucho más si el objeto tiene forma de pollo adulto; es decir con el formato estructurado de cuello y cabeza; además esta adherencia aumenta más aún si la impronta es de un animado.
Estas aves prestan mucha mayor atención cuando el objeto se mueve en forma similar a un animal. Es decir con aceleraciones y desaceleraciones en el espacio, similares a un ser vivo. Esto se adjudica a una área que se encuentra tanto en el animal como el ser humano, que es el área septal (subcortical) del cerebro. La que permite reconocer movimientos animados que al lesionarse abole tal capacidad.
Algo muy similar sucede en el bebé recién nacido, que siguen con la vista cualquier cara humana, mucho más si se encuentra en movimiento animado. Esto se agota al mes de vida. El niño en el primer mes sigue a las caras con formato humano y mucho más si se mueven animadamente con aceleraciones y desaceleraciones
Esto sucede en niños sanos, pero no en niños autistas. Considerando que estas áreas de reconocimiento facial son de las primeras en otorgar la capacidad social.
Dependientes fuertemente de la atención, que en este caso presenta escasos componentes conscientes, dada la inmadurez del cerebro del bebé recién nacido.
Estos ingresos de información son muy tempranos y modifican el desarrollo la cognición y finalmente el psiquismo. Ingresan mucho más precozmente que lo que se pensaba y con tiempo de vencimiento. Así el ingreso de la información de caras desconocidas se produce durante el primer mes, siendo todas muy parecidas. Para luego empezar a diferenciar las caras conocidas (por ejemplo padres) de las desconocidas.
En las personas normales en la resonancia magnética funcional de cerebro el reconocimiento facial activa la corteza fusiforme (también en el hipotálamo anterior). En cambio en los pacientes autistas no se estimula esta área, sino se encienden zonas cerebrales que funcionan ante objetos o el movimiento no animado.
Es decir que en el autismo existiría una falla primitiva en la diferenciación de los objetos de los humanos. Lo cual explicaría la alteración de la funcionalidad social en estas personas.
La atención tiene un gran impacto en el aprendizaje, aun en el más precoz; con tiempos programados de antemano para el ingreso de información. Conocer estos tiempos y el tipo de información servirá no sólo para el diagnóstico, sino para el tratamiento de problemáticas muy frecuentes.
La capacidad atencional se ha afectado con los múltiples estímulos al que somos sometidos en la actualidad. El exceso de información o el ingreso de excesivos estímulos por unidad de tiempo la alteran sustancialmente.
Luis Ignacio Brusco*
*Neurólogo y psiquiatra. Doctor en Filosofía. Prof. Titular UBA . CONICET