“Si quieres ganar un adepto para tu causa, convéncelo primero de que eres su amigo sincero”.
Abraham Lincoln
Se encuentra hoy en boga el estudio del cerebro en las instancias políticas. Recientemente fueron inauguradas dos subespecialidades de la neurociencia y de la psicología llamadas neuropolítica y psicología política, respectivamente. Ambas modalidades temáticas forman parte de un área muy importante que estudia la conducta humana, que es la de la toma de decisiones.
Si bien existen estudios que priorizan la función emocional en la política, dejando para un segundo término a la razón y a los procesos ideológicos, ellos cuentan con algunas falencias metodológicas, tales como parangonar diferentes culturas y diferentes sistemas electorales. Los estudios que observan caras de políticos muestran que ellas indudablemente producen efectos emocionales. Así es que estos trabajos se aventuran a decir que en menos de un segundo ya hemos sentido una predisposición sobre a quién votar, fundada en quien nos genere mayor empatía. Sin embargo, estas investigaciones dejan de lado ciertas cuestiones y olvidan que de lo correlativo no se deriva con necesidad la causa de un efecto, prejuzgando de esta forma a la población. Una sensación visual puede generar un sentimiento instintivo que genere una toma de decisión inmediata, pero ella puede ser modificada posteriormente (decisión a largo plazo). Además, el voto no es obligatorio en muchos países del estudio, de lo que se deduce que algunos de los evaluados podrían no votar. Esto último sesga el trabajo.
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