Cerebro y autobiografía

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Hay una memoria consciente que expresa los recuerdos sobre las experiencias vividas
*por Ignacio Brusco

 

 

 

 

 

«¿Qué es un poema sino una peligrosa manera de autoconocernos?
Es la parte más profunda de nuestra autobiografía»
Robert Penn Warren

Existe una memoria muy importante llamada autobiográfica, que expresa lo que una persona recuerda acerca de su propia vida.

Es explícita y consciente, pero no por ello deja de ser una memoria imprescindible a la hora de generar emociones. Pues influye sustancialmente sobre las personas, en cuanto a la identidad y personalidad, pero también sobre sus sentimientos.

Conlleva el conjunto de experiencias que se grabaron en el cerebro, pero además la subjetividad que se fue construyendo; para poder luego ser quienes somos. Aunque también la actualidad influirá en lo que se recuerde, y cómo o cuando se haga. Aunque será fuertemente imbuida del pasado, que generó la identidad.

Al actuar la autobiografía en el presente, se generaría lo que los fenomenólogos llaman «presentificación». Es decir se produce un recuerdo parecido, pero no igual a lo sucedido. Y emocionado de diferentes maneras, a partir el contexto en el cual sucedió, pero también del presente.

Podría decirse que esta memoria constituye gran parte de nuestra conciencia. Algunas películas de ciencia ficción usan como temática esta memoria autobiográfica, equiparándola a los sistemas conscientes (por ejemplo: Carbono alterado o Eterno resplandor de una mente sin recuerdos). Ficcionan como través de diferentes mecanismos podría transferirse la información que contenga una memoria autobiografía. Esto podría ser una posible, pero peligrosa, manera de acceder a una especie de inmortalidad.

Aunque la información que genera la conciencia debería ser más compleja, tendría que contener al inconsciente o subconsciente para ser realmente fidedigna. En caso de considerar a la conciencia sólo cómo información en instancia material (cerebro o proteínas).

En cierto modo la memoria autobiográfica tendría grabada cuestiones inconscientes. Los procesos acontecidos en la vida que no pueden ser evocados (por ser de la primera infancia o porque hayan pasado desapercibidos) podrían producir modificaciones neuronales y síntesis de proteínas.

Es decir, siguiendo al creador del psicoanálisis, el neurólogo Sigmund Freud, el inconsciente influye intensamente en la consciencia. Dicho desde la neuropsicología: la memoria implícita influye en la autobiografía; y esa memoria subconsciente debería estar en algún sector cerebral grabada.

Cuando recordamos una situación autobiográfica utilizamos la memoria episódica (describe el momento en forma puntual) y la semántica (agrupa la idea temática del acontecimiento). Algo así como recordar el nombre de la película y de que se trata la misma respectivamente.

Esta situación responderá a la pregunta de espacio y tiempo (dónde y cuándo) pero también a los que se siente en la actualidad y con que es asociada. Representando finalmente una memoria autobiográfica general que nos otorga la identidad.

Pero dentro de un contexto gregario cultural y social, que puede influir sobre la misma. Es decir está identidad no está aislada de otras personas (otras identidades), que compartieron el momento o nos ayudan a recordar.

Un ejemplo sería mirar fotografías entre familiares y percibir cómo el recuerdo de cada integrante sobre el evento fotografiado será parecido, pero no igual.

Una presentificación que hará que cada uno recuerda desde su espacio, emoción y pensamiento, es decir cada persona le imprimirá su subjetividad.

El contexto autobiográfico tiene una cronología que además permite asociar los eventos.

Los que pueden ser unidos por una causa motivacional o temáticas; según la interesante investigación autobiográfica realizada en la Universidad Johann W. Goethe de Fráncfort dentro del estudio Mainlife.

Lo que la neurociencia sabe actualmente es que no recordamos estas experiencias hasta aproximadamente los tres años, pues nuestro cerebro no permite evocar la información mnésica consciente hasta ese momento de la vida.

Probablemente por la alta plasticidad y la necesidad de recambio neuronal que se produce en la zona de ingreso de la información en el cerebro, que es la corteza temporal del hipocampo.

El estudio Mainlife muestra además, que el ordenamiento autobiográfico es bastante impreciso hasta los nueve años. Llegando a los doce con una posibilidad bastante más estructurada del orden de los recuerdos. En la niñez ejemplo los recuerdos suelen instalarse con mucha mayor fuerza si los padres hablan sobre las cuestiones sociales y le realizan preguntas sobre la actividad del niño.

Esta organización temporal se termina de afianzar entrado los veinte años. Es así que alrededor de los veinticuatro años se estabiliza la personalidad, el momento en que mayormente se toman muchas decisiones muy importantes para la vida. Como por ejemplo profesión, vivienda, sexualidad y pareja.

Sin embargo no todo está definido en el ciclo vital, y algunos autores plantean que, en la actualidad, no es hasta los 40 años que se consolida la memoria autobiográfica.

Instalándose una personalidad que duda mucho menos de sí mismo y es menos influenciada por opiniones externas.

A pasear de lo cual, nunca estará totalmente indemne de modificaciones. En cierto modo, las psicoterapias rememoran estas autobiográficas; para redactarlas nuevamente, si es necesario resignificarlas y tratar de mejorar cuestiones emocionales.

Es importante la consideración de esta memoria autobiográfica en salud mental. Está descripto que las depresiones priorizan los malos recuerdo para consigo mismo y los buenos para los demás. Los pacientes se ponen los anteojos de ver todo oscuro y además perderían el ordenamiento autobiográfico.

Asimismo estos autores observaron que los adultos recordamos los momentos juveniles como los mejores y los peores momentos son mencionados en tiempos cercanos. Explicaría la frase: «Todo tiempo pasado fue mejor». Se piensa que esta situación puede ser dada por un mayor reforzamiento a largo plazo de las emociones positivas sobre nuestros recuerdos; dado que es mucho más habitual contar las historias alegres a las demás personas.

La emoción es un peaje que debe pagar nuestro cerebro para poder recordar. Se acumula temporalmente en forma de catáfila de cebolla. Con el tiempo perdemos lo último memorizado y los recuerdos más viejos serán los últimos en desaparecer.

Así sucede en procesos como la enfermedad de Alzheimer, que es un claro modelo que desgasta la memoria autobiográfica. Finalmente la última palabra que recordará la persona con esta enfermedad será la palabra mamá o papá. Que indudablemente guarda un recuerdo positivo, probablemente el primero.

*Neurólogo y psiquiatra.
Doctor en Filosofía. Prof. titular, UBA. Conicet

 

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