Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época.
Jacques Lacan
La toma de decisiones es el fin último de nuestra capacidad conductual. Pero se puede ver afectada intensamente por la inteligencia artificial (IA), pero mucho más por procesos aún más complejos que la IA que son la IA generalizada y por último la singularidad.
Nuestra conducta parece ser el resultado de una constante batalla entre la emoción y la razón. El sistema nervioso humano, diseñado para la supervivencia, ha evolucionado para incluir la capacidad de controlar decisiones.
La «Inteligencia Artificial General» (AGI, por sus siglas en inglés) es una forma avanzada de inteligencia artificial que tiene la capacidad de aprender, entender, y aplicar su conocimiento e inteligencia a una amplia variedad de tareas y problemas. A diferencia de la actual inteligencia artificial “específica o de propósito limitado” que se especializa en tareas concretas, la AGI sería capaz de realizar cualquier tarea intelectual que un ser humano puede realizar. implicaría todas las funciones cognitivas complejas como capacidad de planificar, resolver problemas, pensar abstractamente y aprender de la experiencia. Algo parecido a la experiencia consciente.
La singularidad se refiere a un punto teórico en el futuro en el que llega el momento en que la inteligencia artificial superará la inteligencia humana, lo que podría resultar en cambios impredecibles y potencialmente profundos en la sociedad. La idea fue popularizada por figuras como el científico Ray Kurzweil, y es un tema de conflicto en la ciencia y la filosofía entre otras disciplinas.
El especialista en IA Ben Goertzel, consejero delegado de SingularityNET -doctorado por la Universidad de Temple y líder de Humanity+ y la Sociedad de Inteligencia Artificial General- planteo que cree que la inteligencia artificial general (IAG) estará disponible en menos de una decada . IAG es el término con el que se conoce a la IA capaz de realizar tareas tan bien como los humanos y se considera previa a la singularidad.
El sistema límbico en nuestro cerebro, que controla las emociones, desencadena motivaciones instintivas. Pero la corteza cerebral, la parte más reciente de la evolución, agrega control y nos permite tomar decisiones más precisas a corto, mediano y largo plazo. En un proceso donde el inconsciente y el consciente juegan en la capacidad asertiva.
La toma de decisiones es la lucha final entre la emoción y la razón, y se puede medir mediante complejos estudios neurocognitivos y de neuroimágenes. La neuroquímica, incluida la dopamina, también juega un papel importante en este proceso. Pero la influencia de la IAG puede ser un punto de inflexión en la humanidad y sus decisiones.
Tomar decisiones es inevitable, y la lucha entre la incertidumbre y la elección es constante. Nuestro pensamiento está sujeto a sesgos como el «sesgo de confirmación» y la «ley de los números pequeños», pero se agregarán sesgos producidos por los algoritmos lo que hace que la toma de decisiones sea aún más compleja. La fluidez y el control del exceso de pensamiento son esenciales para tomar decisiones acertadas, pero ese control puede ser afectado artificialmente. El aumento de los estímulos informativos y sensoriales, así como la infotecnología, la biotecnología y la IA son indudables factores intervinientes en nuestro camino conductual.
La toma de decisiones humanas es el resultado de una interacción compleja entre la emoción y la razón, impulsada por el sistema límbico y regulada por la corteza cerebral, la IAG agregara otro vector de influencia muy fuerte. Esta lucha constante tendrá un impacto significativo en nuestra vida diaria y plantea preguntas perocupantes sobre el libre albedrío en nuestras elecciones.
Ignacio Brusco