Homo Sapiens y Evolución de la Familia

La familia siempre te indica por dónde empezar  
Kristin Hannah

El proceso de familia en el comienzo de la actividad gregaria del homo-sapiens, cuando cazadores – recolectores, es discutido. Especialmente porque no existía manera de adjudicar el nacimiento al acto reproductivo y mucho menos asignar la paternidad consecuentemente. Esto da rienda suelta a diferentes hipótesis,  una de ellas es que las diferentes bandas de humanos tenían posturas culturalmente distintas y muy endogámicas. Algunos grupos habrían practicado posturas nodales familiares dependiendo de la madre, que podía ser reconocida como tal, pero otros grupos habrían sido más comunitarios con conductas poligámicas y un dominante alfa similar a los sucede con chimpances y bonobos.

Puede decirse que la conducta humana lleva implícita al instinto de planificación familiar. Quizá esto se deba a un componente evolutivo que implica esencialmente el cuidado de las crías. Es posible plantearse a esta función como básica e inconsciente, que llega desde muy lejos en el tiempo, mucho más que los cercanos primates y  mamíferos, pues los reptiles y las aves también lo poseen. Es decir, existiría una programación innata para la protección de la descendencia y la carencia de ella podría implicar la extinción de la especie.

Es muy conocida la investigación del premio Nobel en medicina Eric Kandel en la que provocando un estrés postraumático en ratas generó una notable consecuencia: dejaban de cuidar a sus crías. Siendo la crianza una función muy importante, es considerada como una grave secuela en la conducta del animal. El cuidado instintivo de los procreadores es clave, así se evaluará el afecto hacia las crías y hasta la predilección sobre algunas.

A dicha conducta, en el humano se le agrega una gran corteza cerebral, que hace consciente el cuidado, complejizándola mucho, desde un simple cuidado instintivo, a la subjetiva relación madre-hijos. Se produce la incorporación de nuevos conocimientos en el homo sapiens; uno ellos es el de relacionar el acto sexual con el embarazo y finalmente la generación de un nuevo ser. Pareciera una verdad de Perogrullo, pero sin embargo esto no sucede en los animales, ni siquiera en los más desarrollados. Es decir, existe una situación de reconocimiento consciente sobre el comienzo de la vida y la causa de la misma, aun antes de que se produzca el embarazo visible.

La cultura y la tecnología humana han permitido, por otro lado, realizar un diagnóstico de embarazo apenas generada la fecundación. Esta evolución produce nuevas problemáticas, una de las posibilidades es interrumpir el embarazo, es decir una potencial vida futura. Otra es investigar el grado de salud con el que cuenta esa potencial vida, aún intrauterina, que arribará al mundo. Esta toma de conciencia genera novedosos conocimientos que producen nuevas experiencias y tomas de decisiones.

Existe una e etapa evolutiva llamada  “revolución cognitiva”,  de hace 80.000 años comenzando la cultura humana moderna. Comenzamos a trabajar con huesos, láminas e instrumentos. También intercambios de productos de diferentes regiones como principio de comercio, apropiación de territorios, el manejo de ornamentaciones como conchas marinas engarzadas y el manejo del ocre  como pinturas rupestres geométricas, lo que marca gran capacidad simbólica.

Este tiempo coincide con el paso del hombre africano para Asia, aproximadamente hace 70.000 años.  Aparentemente dos procesos culturales y sociales revolucionarios y coetáneos. Aunque forzados, como muchas de la migraciones del hombre, por el cambio climático árido que sufrió el África oriental en ese tiempo, lo cual obligó a buscar nuevos destinos al homo sapiens.

Aproximadamente hace 12.000 años cuando finalizó la etapa nómada de cazador- recolector,  el homo sapiens adquirió hábitos sedentarios y gregarios más estables, asociados al comienzo de la agricultura. 

Sólo cuando nos hacemos sedentarios en el medio oriente empezaron las  guerras planificadas y  el estado como entidad organizadora. Los grupos nómades arcaicos y algunos actuales en el África, resuelven las cuestiones con negociaciones, apelando a rituales de lucha o escaramuzas esporádicas.

El sedentarismo  generó el sentimiento de propiedad, acumulación de objetos y el aumento gregario; llevando  luchas programadas; especialmente con disputas territoriales y de pertenencias.

La agricultura comenzó hace entonces aproximadamente 12.000 años; la domesticación del perro habría precedido al fenómeno de sedentarismo agricultor del hombre agregándose a su núcleo primario.

Podría incorporarse en la constitución grupal a la relación entre el perro primitivo y el homo sapiens  se habría generado cuando el humano cazador-recolector era seguido por este animal, predecesor del perro, que tenía un aplanamiento de hocico, dando la impresión de un animal menos feroz que el lobo . Pudo haber sucedido además que no sólo lo acompañó, sino que lo ayudó a descubrir, cazar y recolectar a las presas

También surgen nuevas preguntas sobre el comienzo de la vida y la detención de la misma. El humano posee la mayor capacidad de conciencia de finitud de todos los seres vivos, pudiendo pensar este proceso a largo plazo, programar y planificar acerca de la muerte. También padece la angustia de final, con reacciones sobre ella con diferentes posturas (algunas extremas, religiosas o fundamentalistas y otras, por lo contrario, eclécticas).

Se podría decir con respecto a este concepto que el humano es el único ser viviente con conciencia de comienzo de la vida, de la procreación y de la finalización de la misma. Muchos científicos plantean que el comienzo de la persona humana comenzaría con el desarrollo del sistema nervioso del embrión, lo cual es muy temprano durante la embriogénesis, aunque va adquiriendo diferentes características con el desarrollo individual. Primero muy inmaduro, generalmente comparado con el primitivo cerebro de un reptil, luego se parangona con un mamífero inferior para luego compararse mamíferos más desarrollados.Poseemos un cerebro preparado para una gran «explosión» cognitiva a medida que madura. Es esa explosión la que otorga la posibilidad de reconocernos a nosotros mismos, en nuestro comienzo y nuestro fin.

Se habrían constituido así diferentes culturas grupales con bandas comunitarias patriarcales dependiendo de un alfa y otras matriarcales. Existiendo además posturas diferentes ante lo religiosidad y especialmente ante la constitución de la familias como luego se conocieran en occidente.

Luis Ignacio Brusco
Doctor en Medicina y en Filosofía.
Prof. Titular UBA.