La falta de sueño en la niñez afecta el Neurodesarrollo

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La vida es una visita construida de sueños.
Ray Bradbury

El sueño y el desarrollo infantil no es una asociación fácil de encontrar en investigaciones y en la cultura médica. Sin embargo de la calidad y cantidad de sueño dependerá no solo el crecimiento del niño sino su neurodesarrollo. Es decir, las funciones cognitivas, emociones, sistema motor y sensorial son influidos por la calidad del sueño cuando niño.

Un trabajo de Elsie Taveras, del Hospital General Infantil de Massachusetts mostró que las problemáticas de trastornos del sueño afectan el desarrollo infantil en un estudio muy grande. Este grupo mostró que según las edades se necesitan muchas horas de sueño más de los generalmente utilizadas. Desde los 6 meses a los dos años son necesarias 12 horas de sueño, entre tres y cuatro años onces horas; y diez horas de sueño entre los cinco y siete años

Durante la infancia existe una enorme plasticidad del sistema nervioso. Nacemos con mayor cantidad de neuronas, pero con menor cantidad de sinapsis. A medida que crecemos incorporamos mucha información, con un aumento de miles de millones de sinapsis, que transmiten neurotransmisores. Pero van muriendo las neuronas que no fueron activadas.

El neurólogo Takao K. Hensch de la Universidad de Harvard observó que existen células que trabajan coordinando a las neuronas inmaduras. Estas se prenden o toman sincronía reguladas por el neurotransmisor inhibitorio GABA (Gamma amino butírico).

Otras sin embargo no coordinadas se apagan y dejan de funcionar, hasta morir

El cerebro del bebé se encuentra ávido de información. Sus neuronas se encuentran anárquicas, como en una clase  donde todos los niños hablan y no aprenden. Entonces el profesor que ordena la clase son las neuronas gabaérgicas en cesto, una especie de director de orquesta. Así, las otras neuronas alumnas se coordinan y las que no, serán suspendidas y expulsadas del sistema. El sistema gabaérgico es inhibitorio y podría ser pensado como tal,  en este caso, sin embargo, es un organizador que ayuda a recordar. Durante el sueño lento que es muy importante en la niñez se secretan sustancias tróficas como la somatotrofina, que colaboran con esta organización temporal del desarrollo.

El sueño representa un tercio de la vida. Si viviéramos noventa años, aproximadamente treinta lo habríamos pasado durmiendo. En realidad sólo vivimos sesenta años conscientes de nuestra existencia o por lo menos en vigilia.

El sueño es parte de un sinnúmero de ritmos biológicos que tiene nuestro cuerpo y por supuesto nuestro cerebro. Uno de estos ciclos es el ritmo sueño y vigilia. Que se repite día tras día y sólo se pierde si la persona se encuentra en coma, momento en que el cerebro disminuye su actividad.

El dormir es entonces una función activa en la cual  el cerebro va cambiando sus funciones, pues si bien existen partes del sueño en la que el cerebro funciona menos que en la vigilia,  hay otras en las cuales se produce mayor consumo de glucosa y por ende mayor actividad. Esto muestra que el sistema nervioso está trabajando y generando muchas tareas como por ejemplo el soñar y muchas otras más como por ejemplo la de mejorar el rendimiento cognitivo.

Así las cosas, el sueño no es un factor que hoy se pueda olvidar.  Es una función fisiológica clave y activa  para el cuerpo humano, que genera un conjunto de trabajos vitales.

Además el sueño tiene ciclos  que se repiten entre 4 a 6 veces durante cada noche. Cada uno de estos ciclos está compuesto por cuatro etapas (llamadas 1, 2, 3, 4) y el sueño de movimiento oculares rápidos (MOR) que son muy disímiles. A medida que maduramos perdemos sueño 3 y 4 (llamado sueño lento o sueño profundo), y aumenta porcentualmente el sueño MOR de fácil despertar.

Este sueño MOR es el que más trabajo cerebral genera y con más consumo de glucosa así como también gran actividad eléctrica. En el mismo se presentan los sueños vívidos y se produce el borrado de la memoria que no debe acumularse  y  guarda lo que debemos recordar. Entonces para olvidar necesitamos dormir y mucha energía.

Es decir que el olvido de las cuestiones poco importantes se produce durante la noche. Este olvidar es un proceso complejo en el que se reduce el recuerdo a muy pocas cosas, que son a las que le damos una impronta emocional, sea esta positiva o negativa.

Entonces si debemos rendir un  examen es mejor que durmamos un periodo de sueño entero (que dura aproximadamente una hora) en el cual produciremos un reforzamiento de lo estudiado, (siempre y cuando le hayamos dado la ansiedad suficiente).

Es decir le indicamos a nuestro cerebro que esa circunstancia representa una situación importante.

Por otro lado como en ese momento de sueño activo es cuanto tenemos los sueños más reales, entonces podríamos movernos mucho. Por eso el sistema nervioso genera una falta de tono muscular en todo el cuerpo. Para que no podamos actuar nuestros sueños y generar muchos problemas para nosotros y nuestro entorno, como consecuencia de vivenciarlos.

 Michael Czisch, del Instituto Max Planck de Psiquiatría, estudió con Resonancia Funcional a personas que recuerdan los sueños (llamados soñadores lúcidos)  y observó que se encienden las mismas áreas Cerebrales cuando la persona se mueve que cuando sueña el movimiento. Concluye entonces que los sueños no son un “Cine de Sueño”  en el que solamente observamos  un evento en forma pasiva, sino que implica actividad en regiones del cerebro que son relevantes para el contenido de los mismos, construyendo la abstracción y la creatividad.

El sueño tiene entonces muchas cosas  por decir, y aunque en el comienzo de la ciencia parecía olvidado, hoy ya sabemos que ocupa un gran espacio de nuestra vida.

Deben reverse los horarios escolares y sociales de los niños, que generalmente implican menos horas de sueño. El dormir ocupa un tercio de nuestras vidas e impactan fuertemente en el neurodesarrollo.

Luis Ignacio Brusco*
Neurocientífico y Doctor en Filosofía. Prof Tit UBA.