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  • Los silencios dicen mucho

    «Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio«
    Mario Benedetti

    Los silencios son parte del lenguaje, constituyen momentos que metaforizan al diálogo. Expresan probables  tomas de decisiones, emociones y posibles pensamientos. Dan además mayor tiempo al idioma gestual.

    En ese contexto el lenguaje requerirá de significantes como palabras y de una estructura que la administre (gramaticalidad), sumado a una musicalidad (prosodia) y de tiempos que lo regulen, incluyendo los silencios.

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  • La otra pandemia: Dismorfias por Tecnologías Digitales

    «Una mente sana en un cuerpo sano, es una descripción corta pero completa de un estado feliz en este mundo»

                                                                                                 John Locke

    Las tecnologías digitales de redes, zoom y selfies  pueden generar alteraciones de auto percepción ´produciendo dismorfias corporales.  Estos trastornos activan alteraciones de auto-apreciación estéticas, dietarias y/o quirúrgicas desde cuadros moderados hasta extremos.

    El trastorno dismórfico corporal (TDC) es descripto por el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-5). Se presenta cuando las personas creen que  sectores de su cuerpo son feos y focalizan su atención en ellos. De este término deriva, la dismorfia del selfie, del Zoom o del Snapchat.

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  • Neurotecnología y Derechos

    Primero creamos las herramientas, luego las herramientas nos crean.

     Marshall McLuhan

    La neurotecnología avanza a pasos agigantados. Estimuladores y sensores intracerebrales, estudios de imágenes funcionales, transferencia de información y datos,  electroencefalogría de alta densidad y manipulación genética son posibilidades en los que se puede intervenir desde la neurociencia en el manejo de privacidades y derechos que deben conocerse.

    En Argentina se discute una ley de derechos en el manejo de la Neurotecnología. En Chile se ha incorporado el tema a nivel constitucional. Varios países entonces están siendo pioneros en considerar los procesos bioéticos y las rotaciones de derechos de las personas.

    Existe una interesante relación entre la neurociencia y el derecho. Pues es el sistema nervioso quien maneja los sistemas subjetivos racionales y emocionales-instintivos que conducen a un sistema de conciencia y toma de decisiones, base de toda conducta prosocial.

    Por ejemplo, la empresa Neuralink, de Elon Musk, publicó un vídeo en el que se observaba  a un mono de nueve años jugando al clásico videojuego Pong con su mente. Hace poco tiempo, en California en San Francisco, Estados Unidos, a una paciente con depresión mayor  le implantaron un dispositivo en el cerebro para “eliminar” los pensamientos negativos que le pudieran surgir, detectando los afectos negativos y aplicando estimulación eléctrica con electrodo dirigido a sus zonas emocionales del cerebro.

    También las diferentes redes pueden impactar fuertemente en la vulneración de derechos. Con gran acceso al almacenamiento de  información personal psicológica, de identidad y de geolocalización con propósitos de publicidad dirigida, o de análisis y utilización de la información.

    A partir de la investigación funcional del cerebro, que explota a partir de la segunda mitad del siglo XX se abrió una serie de descubrimientos que impactan especialmente en el estudio de dos subdisciplinas desarrolladas ya en el siglo XXI llamadas Neuroderecho (Neurolaw) y Neuroética, que analizan cómo el cerebro permite desarrollar la ideación, emoción subjetiva y la posterior toma de decisiones, generando una conducta posiblemente, predictible a partir del estudio de neurotécnicas cerebrales.

    Dentro de la asignación de escuelas de neuroética se encuentran los neuroreduccionistas que le asignan un papel central al cerebro en las cuestiones éticas, los neuroescépticos con menor carga en la neurociencia y los neurocríticos que aceptan una intervención del cerebro y el medioambiente en cargas parecidas.

    Todas estas escuelas, que se han desarrollado en los últimos veinte años, especialmente a partir de la década del cerebro, se refieren a la aplicación de la neurociencia a la ética y el derecho. Es decir, de cómo el sistema nervioso influye en la conducta social del humano, así como también la utilización de la inteligencia artificial para interpretar conductas, fallos y jurisprudencias.

    Pero otra cuestión muy diferente, es la aplicación de la ética y las normas a la neurociencia, lo cual sería una rama de la bioética. Es decir la aplicación de reglas, posturas sociales y valores al manejo de la revolución científica y filosófica de la neurociencia.

    El creador del Proyecto BRAIN (acrónimo en inglés de «Investigación del Cerebro a través del Avance de Neurotecnologías Innovadoras») Rafael Yuste de la Universidad de Columbia, opina que este punto debe ser central a la hora de estudiar la cuestión de las aplicaciones en materia de regulación de la seguridad individual y social. Así el consentimiento informado, la transferencia de información, cuestiones laborales, incapacidades, ininputabilidades, eugenesia o el manejo de cuestiones de la conciencia son temas claves que no pueden quedar descontrolados.

    Es decir, son muchos los puntos donde el estudio del sistema nervioso puede condicionar el manejo de temas centrales de la sociedad en general.

    Por ejemplo, existe una importante influencia sobre la conducta humana que se realiza con varias neurotécnicas, como estimuladores cerebrales implantados, estimulación magnética o diferentes fármacos u hormonas.

    Esta utilización puede ser muy útil en un tratamiento de una psicopatología o enfermedades neurológicas como el Parkinson.

    Pero puede influir en la conducta inhibitoria, en las respuestas emocionales, en la capacidad motora, sensorial o cognitiva de las personas, entre otras cuestiones.

    Situación delicada que debe ser evaluada por profesionales médicos controlados por un comité de ética institucional.

    Mucho más en protocolos de investigación en los que los sujetos deben ser capaces de poder aceptar una investigación. Cuestión que pone en un cuello de botella este tipo de estudios, claves para poder investigar y luego aprobar tratamientos. Pero que en este caso podrían ser realizados en pacientes vulnerables.

    Otra cuestión sustancial es el manejo de los sistemas de conciencia. Actualmente existen dispositivos intracerebrales, neurocirugías, medicamentos e inclusos psicoterapias que pueden cambiar las creencias, sensaciones y pensamientos, y así cambiar las decisiones de las personas. Podrían entonces investigarse sistemas internos, individuales e íntimos de pensamiento.

    Por ejemplo, con un estudio llamada magnetoncefatografía (MEG) pueden descubrirse ideas internas semánticas, como una palabra y su significado. Como plantea el reconocido neurocientífico Rodolfo Llinás de la Universidad de New York.

    Otra cuestión muy importante proviene del conocimiento individual que se obtiene de las personas a partir de las imágenes cerebrales, estudios neurogenéticos, eléctricos, y magnéticos del cerebro. Es decir esto podría predecir y también prejuzgar información de futuras enfermedades, de la personalidad e incluso del pensamiento de las personas.

    Sobre su capacidad y también sobre conductas de riesgos, lo que podría generar la posibilidad de transferencia de datos, prejuzgamientos judiciales y laborales. Vulnerando los derechos privados de las personas.

     Rafael Yuste plantea en un artículo que publicó en la prestigiosa revista Nature, que debería incluirse los «Neuroderechos» en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

    Varios autores plantean cinco neuroderechos básicos:

    1. A la protección de sesgos
    • A  la identidad personal
    • A la privacidad mental
    • Al libre albedrío,
    • Al aumento de la neurocognición

    Encaminar la protección de los derechos en el ámbito de la Neurociencia será un elemento clave a la hora de jerarquizar todas las posibilidades positivas de la misma y reducir los manejos reñidos con la bioética y los derechos de las personas.

    Luis Ignacio Brusco*

    *Neurólogo Cognitivo. Doctor en Filosofía. Prof titular UBA.

  • La música como símbolo intersubjetivo

    La música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón… Es la lengua universal de la humanidad.                                                     

    Astor Piazzolla

    La neurocientífica cognitiva Anna Abraham de la Universidad de Beckett de Leeds, describe la diferencia de lo que podría parecer musicalmente similar;  escuchar música, ejecutarla, componerla o improvisarla, pero que sin embargo implican funciones cognitivas diferentes.

    Ambos hemisferios intervienen en red en el proceso música. Aunque cumplan ciertas funciones específicas. Los dos hemisferios hemisferios contribuyen a los procesos de creatividad musical, de por sí es muy variada. 

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  • La capacidad atención al se afecta con los estímulos múltiples

    «Me temo que si uno fija su atención en una cosa el tiempo suficiente, pierde todo su significado«

    Andy Warhol

    La atención es el micrófono que ponemos sobre toda la información antes  que arribe a nuestra mente. Sean estímulos externos, como un paisaje o una melodía; o internos como el recuerdo de un evento o una sensación emocional.

    La atención sería el receptor que incorpora la impresión sensorial que luego se genera en nuestro cerebro.

    Existen claros problemas de atención en nuestro micrófono en la mayoría de los problemas psiquiátricos, como los trastornos de ansiedad, la esquizofrenia o los déficit atencionales con hiperactividad.

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  • Existen mapas de las palabras en el cerebro

    Lo que dicen las palabras no dura. Duran las palabras. Porque las palabras son siempre las mismas y lo que dicen no es nunca lo mismo. «Voces» (1943), Antonio Porchia

    La conformación de nuestro lenguaje se habría producido de forma heterogénea e independiente en diferentes grupos. Así en pequeñas tribus de recolectores- cazadores se conformaron estructuras nodales de apenas 50 miembros, que en pequeñas distancias hablaban idiomas diferentes. 

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  • Prevención del riesgo de autolesiones

    La edad, las afecciones psíquicas y las adicciones son factores que inciden.

    Por Dr. Luis Ignacio Brusco, Prof. Titular de Psiquiatría y Salud Mental, Facultad de Medicina, UBA. Doctor en Medicina. Doctor en Filosofía. Investigador CONICET.

    El suicidio es una de las mayores causas de muerte en el mundo. Se suicidan aproximadamente 3000 personas por día. En el año 2016 se suicidaron cerca de 817.000 personas en todo el mundo. Existen muchos más intentos que muertes. Por cada suicidio, existirían de 10 a 20 intentos de autoagresión.

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  • Problemas cognitivos y psicológicos por el uso prolongado de ZOOM

    La pandemia de COVID-19 impulsó a muchas personas a trabajar, estudiar o encontrarse socialmente a distancia,  las reuniones cara a cara fueron rápidamente reemplazadas por reuniones virtuales. La adaptación al uso de encuentros virtuales en forma masiva alertó sobre la fatiga de las reuniones virtuales  denominada » Fatiga del zoom ”, descripta como una percepción de agotamiento y falta de energía como consecuencia de múltiples reuniones virtuales.

    Un mundo en red podría confundir nuestra realidad sensorial. A partir de la creación de la realidad virtual, se estudian muy profundamente los mecanismos que pueden ser disparados. La realidad virtual nos lleva a percibir instancias que no suceden en el contexto real, aunque sí impactan en la cognición sensorial. Es decir nos ofrece un engaño sobre el cerebro.

    Un grupo denominado Cyberneum del Instituto Max Planck de Tübingen estudia la relación entre la funcionalidad visuo-espacial y corporal. Este grupo describió que luego de una hora de realidad virtual, los criterios de realidad espacial son afectados. Algo similar puede suceder con los procesos empáticos y neuronales en espejo que permiten entender y emocionar al otro. Probablemente base neurobiológica de la intersubjetividad.

    Jeremy Bailenson  del Laboratorio Virtual de Interacción Humana de Stanford describe en una publicación de la revista Technology, Mind and Behaviour  cuatro causas de la fatiga de Zoom

    1. El agotamiento de verse a sí mismo durante mucho tiempo en la pantalla.
    2. Un contacto visual excesivo e intenso.
    3. Una mayor disminución de la movilidad habitual.
    4. La mayor carga cognitiva verbal con pérdida del contacto presencial no verbal y empático.

    En  ese sentido un trabajo de investigación generado por  Kristen M. Shockleyde la Universidad de Georgia  estudió  a 1408 participantes de trabajo virtual y observó una característica destacada de estas reuniones virtuales, ya sea que la cámara esté encendida o apagada. Detectó que usar la cámara es fatigante y que la fatiga en sí misma es problemática para la voz y participación de los probandos en las reuniones.  Sugiere entonces, que apagar la cámara puede ser una ayuda para disminuir la fatiga por ZOOM. Se aconseja así que se apague la cámara en las reuniones donde es posible y se opte por usar el audio.

    El agotamiento de verse a sí mismo puede generar otro problema, la «Dismorfia por ZOOM’. La médica Shadi Kourosh  profesora asistente de dermatología en la Escuela de Medicina de Harvard comunicó un aumento en las consultas por problemas relacionados con la apariencia. Mirar nuestro rostro en una pantalla  todos los días estaba causando estragos en la autoimagen. Un claro problema metacognitivo, impactado además por las deformaciones  técnicas  que produce una cámara frontal muy cercana.

    En la era de Zoom, la gente se preocupaba en forma exagerda por el tamaño y la forma de su nariz ,la flacidez de la piel alrededor del cuello ,  o lo pálido de su piel. Reclamaban así intervenciones cosméticas desmesuradas.  Esta problemática fue denominada entonces como «Dismorfia de zoom».

    El manejo de un mouse de computadora o las metáforas de avatar que se generan en la realidad virtual pueden generar confusión sensorial. Con esta sensación de “corporización”,  el usuario se van fusionando cognitivamente, como si el mouse fueran parte del  cuerpo de quien maneja la computadora.  El grupo liderado por el científico S. Ganesh del RIKEN Brain Science Institute observó que en el proceso de avatar se prende, en la resonancia funcional, un sector del cerebro muy específico: el giro angular izquierdo; relacionado con la corporación de las sensaciones, generando entonces una distorsión sensorial.

    Kourosh  plantea que «Los cambios en la autopercepción y la ansiedad como resultado de las videoconferencias constantes pueden llevar a procedimientos cosméticos innecesarios, especialmente en adultos jóvenes que han tenido una mayor exposición a plataformas en línea, incluidas videoconferencias, redes sociales y filtros durante la pandemia».

    La investigadora Marissa Shuffler de la Universidad de Clemson, describe que las exposiciones prolongadas se pueden percibir como si estuviéramos viendo la televisión y la televisión nos estuviera viendo.   Aconseja entonces  limitar las videoconferencias a solamente las estrictamente necesarias y tomar grandes descansos que aumenten la fluidez, es decir el reposo cerebral.

    Estas cicatrices neurológicas y de la salud mental podrían quedar aún después de la pasada  pandemia. Burnout por exposición virtual, cansancio físico excesivo, trastornos atencionales, cuadros de ansiedad y dismorfias de autopercepción serán nuevos problemas para prestar atención y también prevenir.

    Luis Ignacio Brusco
    Psiquiatra y Doctor en Filosofía. Prof. Titular UBA

  • Homo Sapiens y Evolución de la Familia

    La familia siempre te indica por dónde empezar  
    Kristin Hannah

    El proceso de familia en el comienzo de la actividad gregaria del homo-sapiens, cuando cazadores – recolectores, es discutido. Especialmente porque no existía manera de adjudicar el nacimiento al acto reproductivo y mucho menos asignar la paternidad consecuentemente. Esto da rienda suelta a diferentes hipótesis,  una de ellas es que las diferentes bandas de humanos tenían posturas culturalmente distintas y muy endogámicas. Algunos grupos habrían practicado posturas nodales familiares dependiendo de la madre, que podía ser reconocida como tal, pero otros grupos habrían sido más comunitarios con conductas poligámicas y un dominante alfa similar a los sucede con chimpances y bonobos.

    Puede decirse que la conducta humana lleva implícita al instinto de planificación familiar. Quizá esto se deba a un componente evolutivo que implica esencialmente el cuidado de las crías. Es posible plantearse a esta función como básica e inconsciente, que llega desde muy lejos en el tiempo, mucho más que los cercanos primates y  mamíferos, pues los reptiles y las aves también lo poseen. Es decir, existiría una programación innata para la protección de la descendencia y la carencia de ella podría implicar la extinción de la especie.

    Es muy conocida la investigación del premio Nobel en medicina Eric Kandel en la que provocando un estrés postraumático en ratas generó una notable consecuencia: dejaban de cuidar a sus crías. Siendo la crianza una función muy importante, es considerada como una grave secuela en la conducta del animal. El cuidado instintivo de los procreadores es clave, así se evaluará el afecto hacia las crías y hasta la predilección sobre algunas.

    A dicha conducta, en el humano se le agrega una gran corteza cerebral, que hace consciente el cuidado, complejizándola mucho, desde un simple cuidado instintivo, a la subjetiva relación madre-hijos. Se produce la incorporación de nuevos conocimientos en el homo sapiens; uno ellos es el de relacionar el acto sexual con el embarazo y finalmente la generación de un nuevo ser. Pareciera una verdad de Perogrullo, pero sin embargo esto no sucede en los animales, ni siquiera en los más desarrollados. Es decir, existe una situación de reconocimiento consciente sobre el comienzo de la vida y la causa de la misma, aun antes de que se produzca el embarazo visible.

    La cultura y la tecnología humana han permitido, por otro lado, realizar un diagnóstico de embarazo apenas generada la fecundación. Esta evolución produce nuevas problemáticas, una de las posibilidades es interrumpir el embarazo, es decir una potencial vida futura. Otra es investigar el grado de salud con el que cuenta esa potencial vida, aún intrauterina, que arribará al mundo. Esta toma de conciencia genera novedosos conocimientos que producen nuevas experiencias y tomas de decisiones.

    Existe una e etapa evolutiva llamada  “revolución cognitiva”,  de hace 80.000 años comenzando la cultura humana moderna. Comenzamos a trabajar con huesos, láminas e instrumentos. También intercambios de productos de diferentes regiones como principio de comercio, apropiación de territorios, el manejo de ornamentaciones como conchas marinas engarzadas y el manejo del ocre  como pinturas rupestres geométricas, lo que marca gran capacidad simbólica.

    Este tiempo coincide con el paso del hombre africano para Asia, aproximadamente hace 70.000 años.  Aparentemente dos procesos culturales y sociales revolucionarios y coetáneos. Aunque forzados, como muchas de la migraciones del hombre, por el cambio climático árido que sufrió el África oriental en ese tiempo, lo cual obligó a buscar nuevos destinos al homo sapiens.

    Aproximadamente hace 12.000 años cuando finalizó la etapa nómada de cazador- recolector,  el homo sapiens adquirió hábitos sedentarios y gregarios más estables, asociados al comienzo de la agricultura. 

    Sólo cuando nos hacemos sedentarios en el medio oriente empezaron las  guerras planificadas y  el estado como entidad organizadora. Los grupos nómades arcaicos y algunos actuales en el África, resuelven las cuestiones con negociaciones, apelando a rituales de lucha o escaramuzas esporádicas.

    El sedentarismo  generó el sentimiento de propiedad, acumulación de objetos y el aumento gregario; llevando  luchas programadas; especialmente con disputas territoriales y de pertenencias.

    La agricultura comenzó hace entonces aproximadamente 12.000 años; la domesticación del perro habría precedido al fenómeno de sedentarismo agricultor del hombre agregándose a su núcleo primario.

    Podría incorporarse en la constitución grupal a la relación entre el perro primitivo y el homo sapiens  se habría generado cuando el humano cazador-recolector era seguido por este animal, predecesor del perro, que tenía un aplanamiento de hocico, dando la impresión de un animal menos feroz que el lobo . Pudo haber sucedido además que no sólo lo acompañó, sino que lo ayudó a descubrir, cazar y recolectar a las presas

    También surgen nuevas preguntas sobre el comienzo de la vida y la detención de la misma. El humano posee la mayor capacidad de conciencia de finitud de todos los seres vivos, pudiendo pensar este proceso a largo plazo, programar y planificar acerca de la muerte. También padece la angustia de final, con reacciones sobre ella con diferentes posturas (algunas extremas, religiosas o fundamentalistas y otras, por lo contrario, eclécticas).

    Se podría decir con respecto a este concepto que el humano es el único ser viviente con conciencia de comienzo de la vida, de la procreación y de la finalización de la misma. Muchos científicos plantean que el comienzo de la persona humana comenzaría con el desarrollo del sistema nervioso del embrión, lo cual es muy temprano durante la embriogénesis, aunque va adquiriendo diferentes características con el desarrollo individual. Primero muy inmaduro, generalmente comparado con el primitivo cerebro de un reptil, luego se parangona con un mamífero inferior para luego compararse mamíferos más desarrollados.Poseemos un cerebro preparado para una gran «explosión» cognitiva a medida que madura. Es esa explosión la que otorga la posibilidad de reconocernos a nosotros mismos, en nuestro comienzo y nuestro fin.

    Se habrían constituido así diferentes culturas grupales con bandas comunitarias patriarcales dependiendo de un alfa y otras matriarcales. Existiendo además posturas diferentes ante lo religiosidad y especialmente ante la constitución de la familias como luego se conocieran en occidente.

    Luis Ignacio Brusco
    Doctor en Medicina y en Filosofía.
    Prof. Titular UBA.

  • La importancia del lenguaje en la pandemia

    «Cualquier necio puede escribir en lenguaje erudito. La verdadera prueba es el lenguaje corriente»
    Clive Staples Lewis

     

    El lenguaje es la base de la comunicación. Es muy necesaria la correcta utilización del mismo en todo proceso que requiera acción intersubjetiva, comunicación social y aprendizaje.  En momento de estrés poblacional y de incertidumbre cobra todavía mayor importancia la inteligente y precisa utilización del mismo, usando  canales correctos y las posibilidades de medición del impacto social  y sanitario que genere. Mensurable a través de diferentes posibilidades, desde encuestas regulares a evaluaciones de big data. Con el manejo de infodemiología, ciencia nueva derivada de la epidemiología y que analiza las respuestas inmediatas de la población a diferentes situaciones, medidas y comunicaciones.

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