«El gobierno más difícil es el de uno mismo«
Séneca
En tiempos de ansiedad, apuros y multiestímulo el control de nuestros actos se torna endeble. Se detectan en la actualidad hechos públicos de aumento de actos violentos impulsivos.
La toma de decisiones es la función final de nuestra conducta; de hecho, es posible evaluarla: se considera que puede existir a corto y a largo plazo, siendo más compleja y desarrollada al final del desarrollo de la persona, que es ya pasados los veinte años. Recordemos que la inhibición de la conducta es especialmente a expensas de nuestro lóbulo prefrontal del cerebro, y los instintos se controlan y/o producen en nuestro sistema subcortical límbico. La decisión a largo plazo aumenta sus dificultades ya que incluye mayor cantidad de variables y una cierta proyección en el tiempo. Se considera que nuestra conducta final es el desarrollo entre la lucha de lo racional y lo instintivo: si los instintos primitivos de supervivencia superan al control, se da una mayor presencia de nuestro cerebro primitivo. Así, pueden producirse desde conductas adictivas e impulsivas hasta agresión, miedo, impulsos sexuales descontrolados o alimentación anormal. Predomina entonces lo intistivo por sobre lo racional.
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